Centro de Psicología y Terapias Alternativas de Tomares y Sevilla.

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Centro de Psicología y Terapias Alternativas de Tomares y Sevilla. PSICOLOGÍA CLÍNICA INFANTIL Y DE ADULTOS. TALLER DE CONOCIMIENTO Y TRABAJO PERSONAL. CURSOS DE FORMACIÓN A PADRES Y MADRES. TALLERES PARA ADOLESCENTES Y NIÑOS en Colegios y AMPAs. CONTACTO: centrodepsicologiayterapias@gmail.com o 655090215

lunes, 9 de junio de 2014

Nada de lo que deseas está a Contracorriente. Esther y Jerry Hicks


 
 

Todo lo que ves a tu alrededor (tierra, cielo, ríos, edificios, incluso las personas y los animales) era pensamiento-vibración antes de convertirse en los objetos físicos que estás viendo. Aunque la mayoría de los humanos no son conscientes de ello, os encontráis en la Primera Línea del pensamiento. Además, sois tan buenos traduciendo la vibración a través de vuestros sentidos de la vista, oído, olfato, gusto y tacto que la mayor parte de los humanos ni siquiera os dais cuenta de ese proceso. Lo vivís como algo normal.

Pero si puedes captar el concepto de que todas las cosas manifestadas que ves a tu alrededor primero fueron pensamiento-vibración, luego pensamiento-forma, y por último la manifestación tal como la ves ahora, empezarás a comprender la totalidad de la creación.

Entonces, no sólo tendrás una visión más clara de cómo llega a manifestarse lo que llamas «experiencia de la vida real», sino que también sentirás la Corriente de la que surgen y en la que fluyen todas las cosas.

Lo que queremos decir con «Nada de lo que deseas está a Contracorriente» es que tus deseos —puesto que ya los has pensado y los has pedido— están en proceso de
creación. Del mismo modo que un objeto redondo rodará montaña abajo par su propia inercia sin necesidad de ningún motor o impulso añadido desde fuera, tus deseos también están rodando de forma fácil y natural hacia sus propias conclusiones. Una vez que la vida te ha impulsado a crear un deseo, ya has hecho tu trabajo, y las fuerzas y leyes naturales harán el resto.

La mejor forma de explicarte este patrón de evolución natural es nuestra analogía de la Corriente del río: cada una de tus peticiones, grandes o pequeñas, hace su aportación a la Corriente de este río, y todo lo que has pedido alguna vez está a favor dé la corriente, donde puedes encontrarlo, experimentarlo, poseerlo o vivirlo fácilmente.
 
Suelta los remos
 
 

jueves, 29 de mayo de 2014

Talleres para trabajar el desarrollo personal y así lograr el bienestar emocional:


Hola!

Soy Miguel Angel Reche y os propongo un método propio para trabajar diferentes áreas del bienestar psicológico y emocional de la persona:

- Primero trabajaremos la autoobservación y el autoconocimiento como primer paso para el cambio y como primer cambio en si mismo.

- Segundo, reformaremos nuestro sistema psicológico, eliminaremos nuestros condicionamientos negativos y recuperaremos el orden positivo natural de nuestra psique.

- Tercero, trabajaremos nuestro mundo emocional, eliminando las resistencias y bloqueos que nos impiden vivir de forma optimista, plena y feliz.

Si estas interesado o interesada en llevar este taller a tu centro, local o asiciación, contacta conmigo:

reche2@yahoo.es

655090215
 
 

martes, 27 de mayo de 2014

Nos fragmentamos cuando nos desviamos de nuestro propio centro:


http://aldebaranlaestrelladelbuscador.blogspot.com.es/2014/05/nos-fragmentamos-cuando-nos-desviamos.html
Estamos permanentemente fragmentados y sin embargo queremos ser un todo. Estamos distraídos pero queremos concentrarnos; estamos esparcidos y sin embargo queremos estar reunidos, estamos esparcidos al extremo de rendir nuestro “yo” a cada impulso. Decimos “mis” gustos o aversiones, “mis” sentimientos, y “mi” dolor, y minimizamos ese “yo” a las proporciones de nuestro dolor personal. Ese “yo” se debilita y es absorbido por todas estas cosas. En cierto momento es absorbido en un acto compulsivo e inconciente, luego lo es en una vaga ansiedad. De un instante a otro, pasa de los gustos a las aversiones, pasa por diversas preocupaciones y motivaciones. Su atención salta rápidamente de estar acupada en lo que tiene enfrente para caer en un ensueño. Alguna facultad del “yo” se identifica con cada unos de estos eventos.

Nos fragmentamos cuando nos desviamos de nuestro propio centro. Cuando nuestra atención sólo está reaccionando ante los eventos externos, o cuando está siendo dominada por algo, pierde contacto con su propia fuente. La atención es una facultad sagrada, pero cuando es arrastrada por lo que tira más fuerte, no tiene fuerza propia; es pasiva. Si la atención no está conectada con la voluntad, el humano no es plenamente ser humano.



Kabir E. Helminski

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Estoy dispuesto a cambiar mi vida?

¿Estoy dispuesto a cambiar mi vida?
Nunca es tarde para preguntarse:

"¿Estoy dispuesto a cambiar mi vida?
¿Estoy listo para cambiarme a mí mismo?".


Cual sea la edad que tengamos, lo que hemos pasado, siempre es posible renacer.


Si cada día es una copia del último, ¡qué lástima!

Cada respiración es una oportunidad de renacer.

Sin embargo, para renacer a una nueva vida, tienes que morir antes de morir.




Shams Tabrizi
 
 

lunes, 5 de mayo de 2014

Prisionero. Día 28



Libre de la sucesión de las estaciones. Libre de las alegrías y las penas. Libre de los apegos mundanos. Y, por encima de todo, libre de la cadena de los instantes.

Pero seguía ignorando por qué estaba condenado a ese desierto, a esa angustia.


http://eldiariodellocoenamorado.blogspot.com.es/
 
 

miércoles, 30 de abril de 2014

El sermón de la montaña: El testamento de Jesús

El sermón de la montaña
[Texto completo: Tomado de la Biblia]



Las bienaventuranzas


1 Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.


2 Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:


3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.


5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.


6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.


7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.


8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.


9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.


10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.


11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.


La sal de la tierra


13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.


La luz del mundo


14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.


Jesús y la ley


17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.


Jesús y la ira


21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.


Jesús y el adulterio


27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.


Jesús y el divorcio


31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.


Jesús y los juramentos


33 Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.


El amor hacia los enemigos


38 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.


43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.


Jesús y la limosna


1 Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.


2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.


Jesús y la oración


5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.


7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. 14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.


Jesús y el ayuno


16 Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.


Tesoros en el cielo


19 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.


La lámpara del cuerpo


22 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; 23 pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?


Dios y las riquezas


24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.


El afán y la ansiedad


25 Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29 pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30 Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.


34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.


El juzgar a los demás


1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.


6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.


La oración, y la regla de oro


7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12 Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.


La puerta estrecha


13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.


Por sus frutos los conoceréis


15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.


Nunca os conocí


21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.


Los dos cimientos


24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.


28 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.